El fantasma del cianuro

El derrame de cianuro es un espectro que sobrevuela a los pobladores de los departamentos de Iglesia y Jáchal en el norte de San Juan. La única forma que tienen los pobladores de enterarse de lo que pasa es la radio. Y por ese medio algunos dicen que el cianuro no está en el agua, que no existe, que ya se fue. Otros piden que tengan precaución, que se duchen con agua helada, que no tomen de la canilla de sus casas. En el medio, está la gente, que ya no confía en nadie.

El mensaje de WhatsApp que empezó el alerta llegó unas horas después del derrame reconocido por la Barrick Gold. Lo mandó uno de los obreros que trabaja en Veladero, en la mina de oro y plata a cielo abierto, a 4000 metros de altura, en la montaña sanjuanina. Le avisó a su familia: “No tomen agua, hubo un derrame de cianuro”. Y pidió que alerten a los vecinos. Así, los mensajes fueron llegando el mismo domingo del incidente y el lunes a la madrugada. Los teléfonos de Jáchal e Iglesia sonaban: a las tres de la mañana, a las cinco, a las diez.

Tres días después, el Concejo Deliberante declaraba la emergencia ambiental, social, sanitaria, educativa y laboral. El mismo día, el Ministerio de Minería anunciaba que “los valores de cianuro obtenidos durante el monitoreo de las cuencas del área de influencia directa e indirecta del Proyecto Veladero tomados el día 16 de septiembre por el método colorímetro resultaron negativos”.

Dos días después, el juez Pablo Oritja, junto con dos fiscales, allanaba la mina y secuestraba la válvula del conflicto para peritarla. En ese momento, los vecinos recibían camiones con agua embotellada en sus pueblos.

Miguel Giménez Zapiola habla por teléfono a 1400 km de distancia, desde su oficina de Buenos Aires, y dice: “El cianuro, claro, es una sustancia peligrosa, sólo el nombre despierta escozor”. Él es el director de Asuntos Corporativos de Barrick Gold Argentina. Y sigue: “Pero es peligrosa dependiendo de cómo se utilice y de los concentrados. En la solución que usa Veladero la proporción de cianuro es del 0,05%: es como disolver una pizca de sal en un litro de agua”.

“[Antes del martes pasado, cuando ya todos los valores de presencia de cianuro en los ríos dieron cero], encontramos vestigios en el río Potrerillos, cerca de la mina, y tuvimos tenues lecturas en una traza cercana al río Blanco. Siempre en valores que no ponen en riesgo la vida de las personas”, reconoce Giménez Zapiola.

En un comunicado emitido ayer, Barrick Gold dijo: “La compañía confirma que desde el martes 15 de septiembre del corriente todas las mediciones ratifican que no existe presencia de solución cianurada en ninguno de los cursos de agua de las cuencas hídricas desde la mina Veladero hasta la localidad de Jáchal. No hay motivo alguno que haga suponer que puedan registrarse variaciones de estos resultados, a pesar de lo cual se seguirá de manera preventiva monitoreando exhaustivamente toda el área de influencia”.

Anteayer, cuando el pueblo de Jáchal se preparaba para manifestarse otra vez, los voceros de Barrick Gold aún no podían confirmar cuántos litros de solución cianurada se habían derramado desde la válvula que falló en Veladero. Primero se había hablado de 15.000 litros. El jueves, la minera dijo que fueron 224.000 litros. “Confirmo que hubo un accidente, el cual por supuesto lamentamos muchísimo”, dice Giménez Zapiola. Y explica que fue una falla en una válvula de la cañería que transporta solución cianurada en el valle de lixiviación. Las razones todavía no las puede saber.

El mismo día que lo dice, María Inés y Estela van a buscar agua a la Unión Vecinal de Villa Mercedes, pueblo de 800 habitantes en el departamento de Jáchal. Esperan en la fila que, a cada minuto, se hace más larga. Una fila donde todo es incertidumbre. “Si el agua está bien y se puede tomar, ¿entonces por qué nos traen estas botellas?”, dice María Inés Pérez. Tiene 52 años, vive con tres de sus hijos y sufre de hipertensión. Su nuera, Estela Páez, tiene 28 años, dos hijos chicos y trabaja limpiando casas.

A ellas, como a la mayoría de los habitantes de su pueblo, les llegó el mensaje. Ese que decía que el agua podía tener cianuro. Ese que se hizo viral en todos los teléfonos con Internet de los departamentos de Jáchal e Iglesia. Y esta fila que espera el agua, y muchas filas más en los pueblos cercanos, se preguntan lo mismo: ¿Qué habría pasado si nadie mandaba ese mensaje? ¿Nunca se iban a enterar de que tienen cianuro en el agua?

Cuando se instaló la mina, en 2005, hubo un grupo que se opuso, que creyó que no era una buena idea que una empresa extranjera explotara su tierra, que podía traer consecuencias. Pero no tuvieron la fuerza suficiente. Además, Barrick les daba seguridades laborales que hasta ese momento no tenía la gente de un pueblo que vivía del cultivo de la cebolla.

El primer día de la repartición de agua también hubo una marcha. El objetivo: pedir que se deje de explotar en Veladero, pero que la empresa no se vaya, que se quede a remediar lo que hizo. “La sed de oro nos dejó sin agua”, dice el cartel que sostiene una mujer. Suena el himno nacional y la gente lo canta con entusiasmo. Se saben solos en una lucha contra un gigante, pero se tienen fe.

Entre la multitud está Enrique Marín. Su nombre apareció el lunes pasado en el despacho del juez Pablo Oritja. Después de enterarse del derrame por WhatsApp, Marín decidió presentar una acción de amparo individual para que el magistrado actuara rápido. A las tres horas, Oritja ya le había respondido: iba a hacer lugar a su reclamo por considerar que podía llegar a estar en riesgo la salud humana.

Anteayer, el juez Pablo Oritja, dos fiscales, un veterinario y un ingeniero en Minas de la Universidad Nacional de Cuyo recorrieron la mina. A cada paso que daban, a su lado estaban los directivos y abogados de la mina.

“Se ha citado a 15 personas a declarar a partir del martes para determinar la responsabilidad en el accidente, que al principio parecería que sí la hubo; habría una negligencia en el manejo de la seguridad en el valle de lixiviación”, explicó el juez a LA NACION, ya debajo de la montaña. Según el Diario de Cuyo, el ambiente estaba tranquilo. El juez no sintió lo mismo: “Había mucha tensión, de los directivos y de los empleados”, dijo.

En el camino, el jefe de la policía minera tomó agua de un río frente al juez para demostrarle que no hay contaminación. Con los análisis que le proveyeron, Oritja ya considera que el agua es potable, pero piensa seguir con un monitoreo de toda la cuenca al menos por 30 días más “para agotar todos los medios de seguridad y dar tranquilidad a la gente”.

Jorge Millón, subsecretario de Recursos Hídricos y Energéticos de San Juan, dice que ya comunicó a las juntas de riego de Jáchal e Iglesia que las muestras que tomaron no marcan presencia de cianuro en el agua que se utiliza para regar los cultivos. Aclara que él habla sólo por el agua para el sistema de riego, no de la que la gente puede llegar a tomar.

De esa agua se encarga Cristian Andino, presidente de OSSE (Obras Sanitarias Sociedad del Estado). A él, el jueves, la asamblea de Jáchal le hizo firmar un acta en la que constaba que se comprometía a llevar adelante un plan de monitoreo permanente que incluyera, además de cianuro, mercurio, manganeso y plomo. El gobierno provincial le pidió a la ONU que también hiciera análisis en Veladero. El organismo, que ya monitorea tres minas sanjuaninas, sumará sus estudios a la investigación judicial.

Ahora se terminan los cinco días en los que el juez ordenó que se suspendiera la actividad en el valle de lixiviación, se termina la orden de mandar agua embotellada a los pueblos de Iglesia y Jáchal, pero lo que no se termina es la incertidumbre tras tantas idas y vueltas en los comunicados del gobierno y de la empresa: que no tomen agua por precaución, aunque igual no hay cianuro, que en realidad hay muy poco pero no es perjudicial para la salud. Las autoridades provinciales y Barrick Gold no dudan de que el agua ya es apta para el consumo, pero los pobladores están más encendidos que nunca. Muchos temen que la mina contamine a largo plazo, que lo esté haciendo ahora y ellos no se puedan dar cuenta, y que sólo lo lleguen a saber sus hijos o nietos, que se empiecen a enfermar y tengan que escaparse de un pueblo fantasma.

 

Crónica publicada en el diario La Nación (Argentina) el 20 de septiembre de 2015.

Enlace: https://www.lanacion.com.ar/1829520-el-fantasma-del-cianuro-la-incertidumbre-de-los-pobladores-de-jachal-ante-el-derrame-de-la-barrick