Un velorio trans

El velorio duró toda la noche. Más de ochenta mujeres trans pasaron a despedirla. Sentadas en los sillones de la habitación algunas de ellas jugaron varias horas a las cartas y a juegos de mesa apostando monedas tal como lo hacen en Perú, el país donde había nacido Valeria. Después le preguntaron a la chica que les servía el café si podían cocinar. Entonces calentaron el guiso de gallina y sirvieron un poco a cada uno de los presentes. Al lado del cajón, el hombre que amó durante 17 años a esta travesti despedía a su mujer.
Valeria Sangama Shupingahua murió el 9 de junio de 2015. Sus amigas quisieron hacerle la ceremonia en Osácar, una casa velatoria de La Plata por donde han pasado desde ex gobernadores hasta deportistas. Las que viven en España e Italia mandaron euros. Cada una de las que estaba en la capital bonaerense puso 300 pesos. Entonces lo lograron: por fin podían despedir a una de sus compañeras en el centro de la ciudad y pagar por ello.
La despedida en el diario El Día fue así: “(Q.E.P.D.) Falleció el 09/06/2015.- Los familiares, su pareja, amigas, amigas europeas y demás deudos, participan con pesar su fallecimiento, ruegan una oración en su memoria y que sus restos serán inhumados hoy a las 13:15 hs. al Cementerio Local. Casa Osácar S.A. calle 56 nº 735 e/9 y 10. Telefax: 421-0375/421-5510”.
La familia de Valeria decidió que la velaran en Argentina porque trasladar el cuerpo hasta su país era muy costoso. Ellos tampoco podían viajar. Sus compañeras sacaron fotos durante todo el velorio. Así los padres y hermanos podrían enterarse cómo fue la despedida.
Un estudio de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual habla de lo baja que es la expectativa de vida promedio de una persona trans: 33 años; y cuenta de las principales causas de muerte: el VIH/sida, la aplicación de silicona industrial (aceite de avión) y los asesinatos.
Valeria tenía 33 años y murió de sida.
Claudia Vásquez Haro, presidenta de OTRANS, miró el velorio desde otra óptica. Ese día le preguntó al encargado: “¿Alguna vez tuvo un velatorio de una chica trans?”. La respuesta fue contundente: nunca.
Así, el dolor se transformaba en lucha.

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